El miedo se mete en los huesos. La médula se contamina. Con cada movimiento, cada frase, cada día. El miedo hace su efecto corrosivo. Y te quedas ahí, como pasmado. Así te deja. Inmóvil. Por miedo no haces, no vas, no dices, no tomas, no luchas, no vives. Demasiado miedo al fracaso. A tomar riesgos, a equivocarte, al "qué dirán", a ser rechazado. A la crítica. Y si por temor, no haces nada. Te llamarás entonces, cobarde.

Creo que tienes toda la razón y a lo largo de la vida, alguna que otra vez, se ha sentido miedo, del que, con el paso del tiempo, te arrepientes no haberlo superado.
ResponderEliminarQuerido Arriero, no es tener miedo lo que me preocupa. Después de todo, somos humanos. El miedo es algo natural. Hasta que se convierte en nuestro amo. Ahí está el problema. No enfrentar las cosas por miedo, nos convierte tristemente en esclavos.
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