De todas las horas, las de la madrugada son mas creativas. Si sientes miedos, es entonces que aparecen las caras de los duendes, diablos o fantasmas entre fisuras de cortinas, muebles y paredes. Las sombras, regularmente inofensivas, se tornan amenazantes.
Las historias se suceden en mi cabeza. Dan ganas de levantarme a plasmarlas y no perder la esencia de las mismas. Pero casi nunca lo hago. ¿Qué necesidad de despertar a los durmientes? Me quedo en la cama. Me guardo las ganas, y me contento con solamente imaginarlas.
¿Qué decir de los amores de las regiones lìmbicas?. Se trastornan. Se convierten en algo delicioso, incontrolable. ¡Ah!, que de cosas, se me han regalado por las madrugadas. Puede ser, también, que se diluyan, o se esfumen casi por completo, entre otros recuerdos mas o menos sensuales. Llega también a suceder, que la curiosidad por los "porqués" se haga presente, con mas fuerza, que a otras horas.
¡Hay tantas cosas en el aire de las madrugadas!

En esos casos, si uno no quiere perder el hilo de la historia u olvidarla, lo mejor es levantarse y ponerse a escribir o, en cualquier caso, hacer una breve reseña que a la mañana siguiente nos recuerde la ocurrencia.
ResponderEliminarDurante el sueño se descubren cosas que creemos que vamos a recordar en la mañana pero luego, teniendo la seguridad de haber encontrado algo, no lo recordamos. Siendo estudiante encontré en sueños la solución a un problema complicado, me levanté y apenas esbocé una nota. A la mañana siguiente funcionó.
Espero, de verdad espero que este proceso de duelo que ya dura casi un año, termine de una buena vez. Para que mi pasión por la escritura regrese de este letargo.
ResponderEliminarY seis años después... despertó... espero. Porque como me suceda lo que a Rip van Winkle, ¡pufff!
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