Me acompañaste a sitios donde jamás estuvo nadie.
Hemos sido protagonistas de una historia antes de saber que existíamos.
No se y la verdad no me interesó entonces reconocer donde comenzó el sueño y terminó la realidad.
A veces, con mucha facilidad colocabas los pies en la tierra y me bajabas ahí, a tocar con pies descalzos el pasto y la arena. Que yo alzaba el vuelo con facilidad, era tu afirmación favorita. Enseguida malgastabas el tiempo intentando hacerme aterrizar, sin reconocer que igual que yo volabas. Soñabas y vivías conmigo dentro. Hasta escribiste una vez y cien sobre todo aquello. Medroso, tímido, beligerante y rotundo.
No tenía nombre en tus escritos, pero yo estaba ahí. Lo se y lo supe entonces. No tuviste nombre en mis escritos, pero igual, siempre supiste que eras tú el que estaba en ellos. Sin nombre y sin apellidos. Como en un soliloquio sin tregua, como peleando con la idea de que soy, de que estoy y de que existo. Curiosamente eras tú, pero nunca fuiste aquel con quien solía volar soñando.

Me ha gustado tu texto. Por eso lo he leído varias veces. Y resulta bonito el tener o haber tenido una relación así. Y más aún el saber expresarla.
ResponderEliminarEnhorabuena.
En lo que respecta a esta entrada, es algo que escribí hace tiempo. Lo encontré entre mis escritos. No lo recordaba pero me gustó y lo reciclé añadiendo y quitando algunas cosas.
ResponderEliminarGracias, besos